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Me he encontrado con este articulo en barrapunto de un ingeniero informático y la verdad que no tiene desperdicio.

«Pasaron los años y crecí con la maldita máquina que en aquellos tiempos era toda una diversión. Mi curiosidad era extrema, me aprendí de memoria el condenado libro de 500 páginas que traía el aparatito, en donde se enseñaba a programar en “basic”, y poco más. Ni siquiera tenía sistema operativo, el condenado engendro arrancaba con el interprete de “basic”.

» Me preguntaba como algunos juegos que me compraba no estaba escritos en “basic” sino que venían en un extraño fichero ilegible cuyo nombre acababa en exe. Que cosa más extraña. Además esos juegos se ejecutaban más rápido que los programitas que yo hacía con el “basic”. Me compré revistas sobre el tema y…bingo!…eran un fichero ejecutable. Mi curiosidad se disparó, quería un nuevo ordenador más rápido y quería un compilador de lenguaje C. Quería hacer cosas profesionales, convertirme en un verdadero hacker de la informática. A esto ayudaba el montón de películas de hackers adolescentes (como yo en aquella época), que empezaron a salir a la palestra por aquella época. Recuerdo una que me marcó mucho. Se titulaba “Juegos de Guerra”, protagonizada por Mathew Broderik. La peliculita iba de un chaval “hacker” de poco más de 16 años que ponía en jaque al gobierno americano desde el ordenador de su habitación. En aquella época yo quería ser como él. Tenía muchos pájaros en la cabeza.

» Ya con 15 años tuve acceso a un imponente 8086, 640 KB, pantalla color, uff, vaya máquina. Y yo con mi compilador en C que me compré por correo. Me hice todo un experto en C, C++, gracias a los libros que venían con el compilador, que dicho sea de paso me costó una pasta (nadie me lo copió…). Tenía yo 17 años cuando estaba acabando COU (Curso de Orientación Universitaria, para los jovenzuelos que no sepan lo que es), corría el año 1992, las olimpiadas y la Expo de Sevilla. En aquellos tiempos ya era todo un “viciado” de la informática. Y me pregunté ¿Qué voy a hacer?. ¡Quiero estudiar informática! Allí me enseñarán todos los secretos que ahora no se (no había internet), me convertiré en hacker y ganaré mucho dinero. Que equivocado estaba….

» Aprobé, por poco, la selectividad y entré. ¡Estoy dentro! ¡Lo conseguí! No cantes victoria, insensato, eso me diría a mi mismo si pudiera volver al pasado. Pero no puedo. Bueno, comencé el primer año con un entusiasmo desbordante, aprobé todas las asignaturas y creo recordar en una o dos saqué matrícula de honor. Pensaba que esos conocimientos me serían muy útiles. Por aquella época, 1994, ya comenzaba a implantarse internet en la universidad pero a muy baja escala. Casi todos los aprendices de hackers iban cargados de disketes a la universidad para llenarlos de fotos guarras, aprovechando que allí había acceso por internet a algunos foros y news que colgaban dicho material. Si es que…lo primero es lo primero….Al poco tiempo internet comenzó a estar accesible en los hogares con los modems de poquitos baudios a través de la línea telefónica pero pocos se lo podían permitir.

» Lo primero que noté en mi primer año de Ingeniería Técnica Informática (más tarde me pasaría a la superior) fue la total y absoluta ausencia del sexo femenino en mi puñetera facultad. Eso fue muy duro para mi, pero mi vocación era entonces lo más importante. Las clases se hacían eternas, aquello era el servicio militar, ni una mujer, y las pocas que habían no sabias si realmente lo eran o no. Que conste que he conocido a chicas muy guapas durante la carrera pero la mayoría eran trolls disfrazados de veintiañeras. Supongo que para ellas sería el paraíso, pues estaban muy solicitadas, no es de extrañar, con un ejercito de “futuros hackers” con las hormonas a flor de piel. Para mi no fue el paraíso, fue algo muy duro. Menos mal que existía la biblioteca de la universidad y allí si que había material, umm, jeje. Bueno, dejando a parte el tema de las mujeres, volvamos al tema que nos importa ahora. No solo lo pase mal por esta cuestión sino porque me di cuenta, ya debería ir por el tercer año cuando noté esto, que me estaba volviendo muy, muy introvertido.

» Esto lo notaba en que cuando pasaba dos o tres horas delante de la pantalla, si venía alguien a hablar conmigo o yo tenía que hablar con alguien, me notaba muy nervioso. Eso también me pasaba en mi casa, era como que estar con el ordenador me desconectaba del mundo y luego cuando volvía a este me encontraba con que no reaccionaba demasiado bien a las situaciones. Creo que esto lo habréis sentido la mayoría que ha programado alguna vez o que pasa mucho tiempo frente a la pantalla del puñetero ordenador. Otra cosa que no soportaba ya por aquella época era la puta manía que tienen los ordenadores de dar fallos inexplicables, eso me volvía loco, me pasaba horas y horas, incluso durmiendo, pensando en el puto problema de ayer y que podría haber sido, era insoportable. Además tenía la mala costumbre de querer programar por mi cuenta y hacer pequeños proyectos, sobre todo de gráficos y juegos, que me quitaban mucho tiempo y que a veces me volvían loco con su putos errores.

» Ya por aquella época, con 20 años, me gustaba enseñar lo que hacía a mis padres y amigos (los pocos que tenía porque con el tiempo que pasaba frente a la puñetera pantalla no me daba tiempo para tener nada). Con 13 o 14 años también enseñaba los programas que hacía, pero entonces no me daba cuenta de las verdaderas reacciones de los “espectadores”. ¡Me mentían! Me decían que en realidad era muy bonito y que siguiera haciendo cosas. Pero en realidad pensaban: “Vaya forma más tonta de perder el tiempo, anda que yo iba a estar ahí haciendo el gilipollas con la maquinita”. Con 20 años ya había hecho algún que otro programa. Hice uno de un mapa de España que me costó un huevo y parte del otro y cuando se lo enseñé a mi padre descubrí otra cosa nueva sobre la informática, “el trabajo del informático NADIE LO VE”. Daba igual que me hubiera costado dos meses hacer aquel puto mapa de España, a mi padre no se le ocurrió otra cosa que decirme: “y ¿no puedes hacer que salgan también los ríos, las montañas, etc?” Estuve a punto de responderle: “si claro, y también puedo hacer que salgamos nosotros, y los extraterrestes y la puta madre que los pario, ¡no te jode!”. Nada de valorar mi trabajo. Se creería que lo había hecho en unas horas…. Desde entonces aprendí que el trabajo del informático solo es valorado por uno mismo, los demás no tienen ni puta idea de lo que cuesta. Solo un informático puede valorar el trabajo de otro informático, es una verdad como un templo, vaya puta mierda de verdad.

» Pero sigamos que aún hay más. No os durmáis. Por aquella época ya me estaba dando cuenta de muchas cosas. Antes parece que vivía en la inopia. Creo que fue porque por aquella época se creía que la informática tendría mucho futuro y ganaríamos una pasta, hablo del año 1995 aproximadamente. Por entonces yo tenía la irreal idea de que al final los ordenadores podría llegar a tener consciencia y yo sería uno de los científicos que sabría descifrar los enigmas del cerebro y de la consciencia. Uff, cuantos pájaros en la cabeza!, que equivocado que estaba!. Los ordenadores nunca tendrán consciencia, si lo dudáis solo teneis que pasaos por una clase de universidad de inteligencia artificial, redes neuronales, etc, os daréis cuenta de la moto que os quieren vender. Bueno, volviendo al tema, con 20 años y un futuro prometedor de ingeniero informático olvidé todos estos problemas y seguí adelante con mi vocación de “hacker adolescente”, pero los años pasaban y la realidad no se parecía a las películas. ¡Las películas son un fraude! ¡Vaya descubrimiento chaval!.

» Llegamos a 1996, me paso de la técnica a la superior, umm, ya soy yo un tío importante, voy a ser ingeniero superior, ¡vaya gilipollez! Seguí estudiando y estudiando como un negro, porque la puta carrera era difícil de cojones, pero lo peor de todo es que las cosas más difíciles de la carrera son las que menos me sirven ahora. Bueno voy a abreviar un poco. Año 2000 acabo la carrera. Vale. Ahora a trabajar. Pero…¿a trabajar de que?. Encontré trabajo y ahora os voy a hablar de mi experiencia laboral.

» Si os tengo que resumir en una palabra el trabajo de programador, esta palabra sería AISLAMIENTO. El trabajo del informático no es un trabajo normal. Es un trabajo muy estresante. Dependes de una maquina la cual puede tener infinitos fallos, que tú debes resolver. Es un trabajo en el que estás solo, repito, solo. Es un trabajo mental que no dura solo las horas de trabajo sino que te lo llevas a casa. El mejor ejemplo que puedo poner de llevarte trabajo a casa es cuando intentas compilar una cosa y el puto compilador te da un error inexplicable que nadie en el mundo sabe lo que significa, esa sensación de impotencia no se la deseo a nadie. No me puedo imaginar un trabajo que pueda provocar esa puta sensación de indefensión frente a la jodida máquina, dan ganas de darle una patada al puto ordenador y mandarlo a tomar por culo. Puedes pasar días con ese puto error (a mi me ha pasado) y nadie en el mundo (ni con internet) sabe lo que pasa, y tu trabajo depende de eso, es desolador, desquiciante, puede acabar con la moral de cualquiera.

» Por no hablar del tipo de jefes y de compañeros que te sueles encontrar. El tipo de jefe suele ser el típico “listo” que ha llegado allí por enchufe, no tiene porque se ingeniero en informática ni nada, todo vale, teleco, matemático, físico, químico, abogado, ¿fontanero?, da lo mismo, programar sabe todo el mundo. Por supuesto el piensa que tu titulo de ingeniero no vale nada, pues el está por encima de ti y además sin estudiar. Demostrar a alguien que no sabe de informática lo bueno que eres es imposible. La valía de un informático no suele importar. Lo que importa es que tragues con todo sin rechistar. Los compañeros suelen ser por lo general otros “pringaos” como tu. Suelen ser buenas personas, serios, introvertidos, como no puede ser de otra manera pues las horas frente al ordenador dejan su marca. Tu estás en el mismo saco que ellos, y tenéis los mismos problemas, a excepción de los trepas, que con esos mejor ni hablar. En mi trabajo pasábamos la mitad del tiempo maldiciendo a los trepas y el puto día que decidimos dedicarnos a la informática. Es de los peores trabajos que puedo imaginar. Después está el sueldo que es una puta miseria y que en los últimos años la cosa va a peor. Todo son becarios, contratos de practicas, y si no te gusta pues a la calle, que ya vendrá otro de fp a hacer tu trabajo.

» Trabajar de programador es un trabajo que mina la moral de cualquiera. Es un trabajo en el que nunca puedes dejar de estudiar cosas intrascendentes y que a nadie, es decir, a nadie en el puto mundo, con dos dedos de frente, se le ocurriría estudiarlas. Cada dos por tres aparecen nuevas putas APIs (Application Programming Interface, para los que no saben lo que significa) que vete tu a saber quien coño las habrá programado para hacerlas tan enrevesadas, nuevos leguajes que aparecen cada dos meses salidos de no se sabe donde, ni para que. Esto no era la informática que yo me había imaginado de pequeño, esto es un puto infierno. Pero hablemos un poco más de los compañeros. Lo peor es dar con el “friki” de turno viciado hasta la muerte con la informática, que sabe todas las pijadas, la tarjeta gráfica más potente, el procesador top, etc, pero que en realidad sabe menos que tú de la “informática real”. Lo malo es que aunque él sepa menos que tú, da la impresión, al jefe, de que sabe más, y en el mundo de la informática la apariencia que des lo es todo. Da igual que seas un programador en C++ de la ostia y quites el sentio con tus bucles while, ¡da lo mismo! si no pareces un “friki” de la informática no se te va a valorar.

» Más cosas de trabajar como informático. Es un trabajo que esta muy mal visto. Dices que eres informático y la gente casi que te da el pésame y te acompaña en el sentimiento. La sabiduría popular es muy grande, se huele que trabajar de informático no es ningún chollo, independientemente del sueldo. Se hacen horas extraordinarias que nunca se pagan, y si no te gusta a la calle. Lo peor de todo, según mi punto de vista, es que tienes que estar siempre actualizándote, es decir, después de haber aprendido un puto leguaje de programación que a nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido aprendérselo, ahora parece que ya no sirve y te tienes que aprender otro que hace lo mismo, pero que es totalmente diferente del anterior. Es decir, el informático siempre tiene la cabeza llena de cosas que NO LE IMPORTAN A NADIE y eso al final se nota. El trabajo mental del informático equivale al trabajo mental que realizan 50 fontaneros, o 200 barrenderos, etc, es decir, la mente del informático es explotada sin piedad y además te pagan cuatro duros.

» Un ejemplo, lunes 9 AM, llega mi jefe: “Mira, te tienes que estudiar está bonita API de 500 páginas, creo que una semana podrás, y después me haces un programa en leguaje x2r4 que extraiga la retribución incremental de los registros impares al cuadrado, lo compilas, me haces una librería dinámica, lo documentas todo, y me hace una interfaz de usuario ¿lo has entendido? Ok. Tiene que estar en dos semanas ehh. No te duermas”.

» Y yo pienso: “¿Que cojones hago yo aquí aprendiéndome una puta API de los cojones, para hacer un puto programa sin sentido, por cuatro duros y además aguantar que mi jefe se lleve todo el mérito, ¿Qué cojones hago aquí si cualquiera con menos estudios cobra más que yo, y además, en su trabajo, no se tiene que aprender putas APIs, ni gilipolleces que a nadie le importan? En resumen, ¿Qué cojones hago yo aquí?”

» Bueno, ¡como veis no me gusta la informática! Me gustaba, pero ahora sé lo que es, ¡y la odio!

» Odio saber que he sido engañado desde pequeño, por mi mismo y por la sociedad, diciéndome lo bonita que era la informática y su gran futuro, TODO ERA MENTIRA. Odio que la informática sea una PUTA MIERDA y que yo no me haya dado cuenta antes. Odio los putos errores de los ordenadores, compiladores, interpretes, y demás mierda, que tantas horas me han hecho pasar en vela sin saber que hacer. Odio estar horas y horas frente al ordenador programando cosas que ¡NO LE IMPORTAN A NADIE! Odio llegar a casa y estar pensando horas y horas en problemas que NO ME IMPORTAN NI A MI, ¡NI A NADIE! Odio que mi profesión no se valoré pues NADIE tiene ni puta idea del trabajo que hay detrás de lo que yo hago. Odio que mi trabajo no se pueda ver, pues nadie que no sea informático tiene ni puta idea de lo que significa un proyecto informático, una línea de código fuente, un compilador, una instrucción for, o un puto puntero a char. Odio trabajar sentado todo el puto día delante de un ordenador escribiendo gilipolleces en una pantalla, escritas en un lenguaje que no significa nada, que no sirve para nada y que no le importa a nadie. Odio haber estudiado 6 años de mi vida una puta carrera que NO SIRVE PARA NADA más que para poder hacer oposiciones de grupo A. Odio estar horas y horas programando y levantarme y tener la sensación de que todo lo que he estado haciendo durante ese tiempo es una PUTA GILIPOLLEZ SIN SENTIDO ALGUNO.

» Tengo que decir que no estoy alterado y que todo esto lo digo desde la frialdad más absoluta. Es mi experiencia y así la cuento, cada uno puede interpretar o intuir la verdad que pueda haber detrás de mis palabras. Muchos me entenderán e incluso les habré quitado las palabras de la boca. La informática es una profesión muy dura y desagradecida, solo valdría la pena si estuviera extremadamente bien remunerada, y aún así, yo no volvería nunca. Prefiero barrer un suelo a escribir una línea más de código fuente. Por lo menos así la gente sabría cual es mi trabajo y mi mente no estaría inundada de palabras clave sin sentido, de punteros a ninguna parte, de bytes incompletos o de bits desesperados. Quiero que mi mente no este, nunca más, llena de esa basura informática que nadie entiende, que nadie comprende ni desea, que no sirve para nada y que es absolutamente agotadora.

» A los que os estéis planteando estudiar informática, lo único que os puedo decir, es: ¿Habéis sentido alguna vez esa frustración que se siente cuando no eres dueño de la situación y no puedes hacer nada para arreglar el problema? Pues esa sensación tan abominablemente desgarradora es la que tendréis a lo largo de vuestra “vida informática”. Una sensación de estar haciendo cosas que no tienen sentido, que no valen para nada y que no importan a nadie. Dependeréis de una máquina falible, que fallará cuando menos te lo esperes. Cuando creas que nada puede ir mal, el compilador te dará un error inexplicable que nadie sabrá lo que significa. Cuando después de días enteros sin dormir, creas que lo has hecho todo bien y que nada puede fallar, el sistema operativo se borrará a sí mismo entrando en un bucle de formateo de todo el disco duro y no podrás hacer nada para evitarlo. Cuando creas que tu trabajo será valorado, te darás cuenta de que a nadie le importa. Cuando creas que la informática puede llenar tu vida, te darás cuenta de que la informática no tiene ningún sentido.

» Tenemos tanto intrusismo profesional porque nuestro trabajo es una MIERDA y la mierda atrae a las moscas».

A veces me pregunto si estoy haciendo lo correcto…

EL JOVEN SAMURAI

Hoy era un día feliz para Kan, hoy cumplía 12 años y su padre había prometido concederle el mayor de los tesoros: una katana.

Naturalmente no sería una katana de doble diamante como la de su padre, sería una sencilla. Lo demás habría de ganárselo por sí mismo. Era un inmenso honor el que le hacía su padre. A partir de ahora dejaba de ser un niño para convertiste en todo un aprendiz de samurai. Un brillante futuro se presentaba por delante si estaba dispuesto a aprender y a trabajar. Y kan lo estaba desde lo más profundo de su corazón.

Su padre Kazo estaba frente a él, solemne e imponente como era natural en su persona. El anciano Samurai aparentaba mucha menos edad de la que realmente tenía, solo su larga cabellera blanca y unos ojos llenos de sabiduría rebelaban su verdadera edad. Su armadura de general samurai reflejaba los dorados rayos del sol como si fuera de oro mientras que los dobles diamantes engastados en la empuñadura de su propia espada formaba un doble arco iris enlazado en su base. Kazo había luchado mil batallas y formado a cientos de samurais, y por fin hoy iba a instruir a su propio hijo. Un acontecimiento que llevaba esperando desde hace doce años. En sus manos sostenía la futura katana de su hijo, un arma poderosa que debía usarse con sabiduría. Kan debía entender que lo más importante de un samurai no era su arma, sino su sabiduría y su honor.

La cara de Kan resplandeciente de honor y gozo al recibir su espada, llenó el corazón de su padre de un orgullo como nunca antes había sentido. Ahora ya era oficial, el joven aprendiz había superado todas las sutiles trampas que se le habían tendido y por sus propios méritos se había convertido en uno más del clan.

Esa misma noche, después de las celebraciones y las risas, padre e hijo se sentaron juntos alrededor de la hoguera. La noche era cálida y en el cielo lucían las estrellas como luciérnagas en un estanque, la Luna llena brillaba con fuerza, como si quisiera arropar al joven Samurai con sus rayos de luz.

Hijo mío – La voz de Kazo era grave, relajante y penetrante como las caricias de una madre – Hoy has dado un paso muy importante en tu vida. Has dejado de ser una persona normal, has dejado el bosque para introducirte en el camino de la vida por el sendero del Samurai. Has superado la trampa invisible que tienden los fantasmas del miedo y del fracaso. Nunca luches contra los fantasmas del miedo, ellos harán que todos los problemas parezcan agolparse para vencerte y doblegarte, cuando estos fantasmas te ataquen, no te defiendas, sigue adelante enfrentandote a los problemas uno a uno. Ese es el único secreto del éxito hijo mío.

- Si padre, estas semanas las dudas recorrían mi mente – Kan miraba a la Luna en busca de fuerzas para expresar lo que había sentido – no sabía si sería capaz de llegar al final, tenía miedo de entrar en la senda del Samurai por miedo al fracaso, por miedo a decepcionarte, por miedo a que se rieran de mi los demás mientras no domine todas las técnicas como lo hace un samurai de verdad. Era un dolor intenso – dijo mientras su mano se posaba en su estomago – como si me clavaran afiladas agujas en el estomago. Pero me di cuenta que si no empezaba, habría fracasado aun antes de intentarlo. – Sus ojos se clavaron en los de su padre – No se si llegaré algún día a ser un samurai tan bueno y poderoso como tú padre, pero ten por seguro que lo intentaré hasta con el ultimo vestigio de mi alma, nunca me rendiré al camino. Siempre seguiré adelante.

Kazo no podría estar más orgulloso. Su hijo poseía una fuerza que le conduciría allí donde el quisiera. Por que nadie mejor que el viejo samurai sabía que el mayor secreto para conseguir en la vida lo que se desea es el no rendirse jamás. A su tierna edad ya conocía ese secreto sin duda llegaría muy lejos, mucho más lejos que su padre el General de Generales.

Hijo, ahora eres parte de los samurais y por lo tanto has de regirte como tal

– El viejo Samurai cogió un grueso leño y se lo paso a su hijo.

– Parte este leño hijo mío, se que puedes hacerlo.

Pero padre, este leño es muy grueso, – dijo el joven abatido – y yo solo tengo doce años, aun no soy un hombre maduro. No tengo la fuerza suficiente.

- Claro que tienes la fuerza hijo, pero tu fuerza no esta en tus músculos – sentenció a la vez que rodeaba con su grande y cálida mano el estrecho brazo de su hijo – Si no en tu cabeza, es en tu inteligencia y en tu fuerza de voluntad donde posees la energía suficiente para realizar todo aquello que desees. Si piensas que no eres capaz de hacerlo… seguramente nunca serás capaz. Sin embargo, si estás convencido de que es posible, y desde el fondo de tu corazón brilla la verde llama de la esperanza y la fe en ti mismo. Podrás hacer lo que desees, solo habrás de buscar el medio.

- Pero padre… – Kan quería creer a su padre, era un Samurai y los Samurais nunca mienten. Entonces debía existir una forma… pero cual – ¡Ya sé! Ahora yo también soy un samurai, ¡puedo hacer lo imposible!

Y desenfundando por primera vez su katana lanzó con todas sus fuerzas un terrible golpe contra el tronco… consiguiendo que la katana se incrustara fuertemente dentro del tronco. Kan intentó sacarla de un tirón, pero sus esfuerzos eran inútiles. Estaba demasiado fuertemente enganchada. Se estaba poniendo muy nervioso, y si no fuera por que la cálida mano de su padre le calmó, como tantas veces había hecho de pequeño, se habría echado a llorar.

- Tu intento ha sido digno de elogio Kan, pero has de aprender antes de hacer. – El viejo samurai tomo entre sus manos la espada de su hijo y con un giro rápido de muñeca extrajo la espada del tronco. – Has de fijarte pequeños objetivos, fáciles de cumplir con tus capacidades, para conseguir lo que deseas. – Dicho esto devolvió la espada a su hijo. – Primero intenta crear una zanja en el tronco, no de un golpe directo, si no de dos curvos que te ayuden a debilitar la rama.

Kan lanzó un tajo curvo y cortante que hizo saltar unas astillas del tronco, a continuación lanzó otro en dirección opuesta que hizo que casi la mitad del tronco se dispersara por el suelo. Animado repitió la operación y unos instantes después el grueso tronco reposaba en el suelo, partido en dos pedazos y un montón de astillas.

- Tienes razón padre! El tronco entero era demasiado para mí, pero poco a poco he logrado debilitarlo y al final yo he vencido. Si hubiera pensado que no podía, nunca lo hubiera intentado. Pero decidí que era capaz, que debía de existir una manera de cortarlo y la encontré!

- Siempre existe una manera – La voz del viejo Samurai penetro en los oídos de su hijo grabando estas palabras a fuego – siempre existe una manera de lograr lo que deseamos.

- Y para ello debemos hacer lo que sea padre – Pregunto inocentemente Kan.

Kazo se alarmo, no quería que su hijo le interpretara mal, siempre había que regirse por el honor y la generosidad, pero una vez que vio la inocente mirada de su hijo, la calma se apoderó otra vez de su corazón.

- Hijo, Puedes conseguir todo lo que desees en la vida solo con que ayudes a otras personas a conseguir lo que ellas desean.

- No entiendo padre.

- Tu sabes que el granjero siempre recoge más de lo que siembra ¿No es así? – Kazo sabía que su hijo había ayudado a sembrar a sus vecinos y se había quedado maravillado al ver como crecían las planas día a día y como de un puñado se semillas surgían, con el tiempo, cientos de sabrosos frutos – Pues igual que el granjero siempre recoge más que lo que siembra, tu debes saber que no estas solo y has de ayudar todo lo que puedas a tu equipo, si lo haces así después recogerás la cosecha más fructífera que nunca hayas soñado.

Kan quedó pensativo, todavía era muy joven para entender todas las palabras de su padre, pero el sabía que su padre siempre había sido generoso y gracias a ello había llegado a ser un general de generales, por eso decidió firmemente que él haría lo mismo.

- Padre, tengo una duda que me atormenta – Se sinceró Kan – antes no te la quise decir por que hoy es un día de dicha. Pero no concuerda con lo que me acabas de decir.

- ¿Si hijo?

- Ayer conté a mis amigos del pueblo que me iba a convertir en Samurai, que aprendería los secretos de nuestro arte y que me convertiría en el tipo de guerrero más poderoso que existe – los ojos de Kan se clavaron en el crujiente fuego – y los otros niños se rieron de mí, me dijeron que era un blandengue, que todo eran mentiras y que tuviera cuidado por que lo más seguro es que me dieran una paliza los verdaderos Samurais por mentiroso y que luego me echarían a la hoguera. ¿he de ser generoso también con esos niños padre?

- Hijo… – Una sonrisa de comprensión surcaba los labios del viejo Samurai, a él le había pasado lo mismo en su juventud y sabía que las mismas personas que hoy criticaba y ridiculizaban a su hijo, mañana serían sus más fervientes admiradores por su valentía y coraje – Hay una forma muy fácil de evitar las criticas…

-¿Cual es padre? – Pregunto entusiasmado Kan

- … simplemente no seas nada y no hagas nada, consigue un trabajo de barrendero y mata tu ambición. Es un remedio que nunca falla.

- ¡Pero Padre! Eso no es lo que yo quiero, yo quiero ser fuerte y poderoso como tú, tengo aspiraciones y sueños que quiero cumplir en la vida. Y solo tengo esta vida para hacer esos sueños realidad ¿Como me pides que haga eso?

- Entonces Kan, ten mucho cuidados con los ladrones de sueños – dijo Kazo misterioso.

- ¿Los ladrones de sueños? – El niño Samurai miro temeroso a su alrededor – ¿Que son? ¿demonios de la noche? ¿Duendes malignos? ¿Seres tenebrosos?

- No hijo, son tus amigos y personas cercanas a ti – Los ojos de su hijo lo miraban con una expresión triste, como si le acabara de caer el mundo encima – No te preocupes, solo son amigos tuyos, mal informados que quieren protegerte, quieren todo el bien para ti y que no sufras, por eso intentarán detenerte en todos los proyectos que hagas, para evitar que fracases y te hagas daño.

- Pero entonces son como los fantasmas del miedo y del fracaso, quieren mi bien y sin embargo me infringen el mayor daño que puede existir. Robando mis sueños, mis ambiciones y por tanto las más poderosas armas que tengo de alcanzar lo que yo quiero. Si nunca lo intento… nunca lo conseguiré. Es cierto que si lo intento puedo fracasar, sin embargo también puedo tener éxito y conseguir lo que yo quiero!

- Eso es hijo y además, sin quererlo, acabas de descubrir tus tres armas más poderosas.

- ¡Cuales! dímelo – su ilusión ante la perspectiva de tener más armas era enorme.

- La primera el entusiasmo, si crees en lo que haces y de verdad te gusta podrás conseguirlo todo y debes creerlo con todos los vestigios de tu ser.

Kan asintió con la cabeza temeroso de interrumpir a su padre.

- La segunda ¡El empuje! Has de aprender y trabajar, aprender y trabajar y después… enseñar, aprender y trabajar. Solo con el trabajo conseguirás tus objetivos. Si pretendes aprovecharte de la gente solo encontraras el fracaso, sin embargo, si trabajas con honor, en equipo y siempre intentas superarte… no habrá nada que pueda pararte.

Kan poso la mano en su corazón y se prometió a si mismo, en absoluto silencio que siempre trabajaría con honor y que nadie le pararía.

- Y tercer la constancia – los ojos de Kan preguntaban a su padre que era la constancia, acaso no era lo mismo que el empuje – La Constancia hijo mío, es la capacidad de aguantar en los tiempos duros y seguir trabajando para que vengan los tiempos buenos, la constancia es el arte de continuar siempre! Tú ahora acabas de empezar y mañana empezarás a practicar con los Samurais. Al principio, después de cada entrenamiento, te dolerán los músculos y estarás cansado, tendrás ganas de abandonarlo todo por que pensarás que esto es demasiado duro para ti. Pero si eres constante y continuas aprendiendo y practicando, poco a poco tu cuerpo se irá adaptando y desarrollando, así como tu mente. Y veras como cada vez las cosas te resultarán más fáciles y obtendrás más resultados y más fácilmente. Los comienzos son siempre duros hijo, y solo si eres constante tendrás el éxito asegurado.

Kazo vio como su joven hijo asentía medio dormido. Ya era tarde y hoy había aprendido más que en toda su vida. EL viejo Samurai cogió a su joven hijo y ahora aprendiz de su arte en sus brazos, levantando, a pesar de su avanzada edad, como si de una pluma se tratara. Su hijo le susurro algo al oído como “gracias papa!” antes de quedarse dormido. El general de generales se preguntó si realmente su hijo seguiría al pie de la letra todos los consejos que hoy había aprendido. Sabía que si así lo hacía llegaría aun más alto de lo que él, general de generales, había logrado.

Anónimo.